Hasta los cabos del Financial Crisis son de segunda mano. Foto: Hugo RamónEl bueno de Hugo Ramón explicaba en su blog justo antes de la salida de la tercera etapa de la Global Ocean Race que va desde Wellington hasta Punta del Este que “Hemos estado trabajando duro, pero lo hemos pasado mal con los presupuestos y las facturas. Como en esta edición no tenemos equipo de tierra, nos las tenemos que ingeniar solos. Es impresionante ver a Marco arreglándolo todo con un martillo, incluso la pantalla del ordenador. Yo, que soy más delicado y ordenado con las reparaciones, aprendo a pasar un buen momento con “la herramienta española” en la mano. ¡Una buena experiencia! Más triste ha sido cuando hemos reciclado cabos viejos o cabos de otros barcos para poder “renovar” lo que había sufrido en el índico Sur. ¡Creo que he hecho milagros!”.
Hace tres días partieron de la capital de Nueva Zelanda en busca del Cabo de Hornos, la organización ha decidido poner unas puertas de seguridad para evitar que la flota se vaya hacia el sur y se encuentre con los icebergs, que cada vez están más al norte debido al calentamiento de la tierra.
El Financial Crisis, que es como se llama el barco de Hugo y Marco Nanini, tiene como objetivo acabar como sea la vuelta al mundo, por ahora ya han conseguido la mitad del objetivo, y como se puede ver en la explicación de Hugo con unos recursos mínimos e ingeniándoselas como pueden. ¡Qué diferencia con la todopoderosa Volvo Ocean Race! y los super equipos y presupuestos tanto en el agua como en tierra, y la diferencia de vida entre etapa y etapa. Mientras unos ‘navegan’ en un mar de lujo, otros lo hacen en un estado de precariedad total y casi absoluta, hasta utilizando cabos reciclados de barcos rivales, como es el caso del Financial Crisis. Pero son felices.
Aunque a algunos no les gusta leerlo ni escucharlo, esta es una vuelta al mundo de verdad, la que están haciendo los Class 40’ navegando por los mares del sur.
Aquí nadie les prepara nada, aquí no hay equipos de tierra, aquí se tienen que buscar la vida y sacar las castañas del fuego. Sin ir más lejos en Wellington nuestros protagonistas han vivido estas semanas acogidos en una casa particular, compartiendo mesa y mantel con la familia Spencer.
Menos mal que en el mar todos son iguales, y en mitad del océano no existe la palabra crisis, el dolor de cabeza que dan las facturas lo volverán a tener a su llegada a Uruguay, pero mientras tanto que disfruten de la navegación.
Y quien quiera mitigar un poco la crisis de Hugo, puede hacer su aportación a través de la web donde hay un apartado de donaciones. Por poco que sea seguro que él lo agradecerá.
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