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| Marina Alabau, llevada en plan procesional por sus compañeros, montada en su tabla. |
A
Marina Alabau no se le podía escapar esta medalla de oro como se les escapó el
domingo a los ingleses Iaian Percy y Andrew Simpson en Star. La sevillana no
salió a especular ni a rezar para que no se dieran carambolas extrañas, que las
armas las carga el Diablo, y salió a por todas y acabó como lo haces los
grandes campeones, la Medal Race y demostrando quién ha sido la mejor.
Y
es que el día de descanso previo a la Medal Race lo dedicó a descansar, dormir
horas y horas, como a ella le gusta; pasear, comer con tranquilidad en el faro,
una siesta de tres horas de la que le despertó su entrenador y pareja, Alex
Guyadier, asustado de que le hubiera pasado algo al ver que dormía y dormía; el
teléfono estuvo desconectado todo el día y sólo se conectó a Facebook un
momento para colgar unas fotos y hasta el día de la final.
Marina
reconocía justo antes de la salida que la procesión de nervios iba por dentro,
aunque por fuera se la pudiera ver relativamente tranquila. Y de ahí al agua.
La
regata fue relativamente tranquila, la veterana ucraniana Olga Maslivets estuvo
liderando el 80 por ciento de la prueba, llegando a situarse en segunda
posición en la general mientras iba primera. Marina salió por el extremo
derecho del campo de regatas junto al comité y a su ‘verdugo’ en Qingdao, la
inglesa Bryony Shaw –la que le birló de maneras poco ortodoxas la medalla en
China-, pero Alabau en esta ocasión no le dio ni una sola oportunidad a la
británica ni a ninguna otra a que le complicaran la vida. Se fue yendo, montó
tercera la primera boya y a partir de ahí manteniendo primero, escalando un
puesto después pasando segunda en la penúltima marca y en los últimos metros
voló como ella sabe, superó a la ucraniana –que se quedaba sin metal después de
acariciarlo- y ganaba a lo grande, como sólo sabe hacerlo ella, primera en la
Medal Race y sin pensar en quedar séptima, puesto que también le garantizaba el
oro. Y es que tal y como se desarrolló la prueba se hubiera permitido el lujo de
haber entrado la última, pero para qué, si pudo entrar la primera.
Espectacular
Juegos Olímpicos de Marina Alabau, líder de principio a fin, navegando a un
nivel estratosférico en los que son los últimos Juegos Olímpicos para el
windsurf. Y mientras tanto viéndolo desde un barco en situación privilegiada
Gerardo Pombo –el que ha desterrado el windsurf- y apoyado por Miguel Cardenal,
secretario de estado para el deporte y Theresa Zabell, vicepresidenta del COE.
¿Cuándo
hay medalla sí vale el windsurf, no? Pues a partir de ahora a navegar todos en
kitesurf y a empezar de cero.
Por
cierto, creo que también se merece un reconocimiento, aunque sea a otro nivel, como
Alabau otro regatista del Club Náutico de Sevilla, Curro Manchón, que en esta
ocasión ha ejercido de entrenador de la finlandesa Tuuli Petäjä y que se llevó
la plata en RS:X, con lo que también tenemos buenos entrenadores aunque tengan
que buscarse la vida fuera de nuestras fronteras.
¡Enhorabuena a todos los que han luchado y sufrido por este gran oro!
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