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| Blanco, a la izquierda, entregando la insignia de oro a Abascal, con Cardenal y Seeliger como testigos, en la Gala de la Vela. Foto: RFEV |
Cuando hablamos de cónclave, rápidamente se nos viene a la cabeza la elección de un nuevo Papa. Pero
vista la situación, se podría hacer perfectamente un símil de lo que pasó el pasado miércoles en la
sede del Comité Olímpico Español. Los cónclaves siempre están rodeados por un
halo de misterio, y en esta ocasión lo que pasó en el COE tuvo un parecido
más que razonable con la curia pontificia. En Roma se reúnen los cardenales y en Madrid se han reunido los
presidentes de las federaciones olímpicas, para decidir el tema del abanderado
en los próximos Juegos Olímpicos, cosa que no debería haber sido así porque
Iker Martínez y Xabi Fernández por normativa les hubiera tocado. Pero ¿qué pasó
y que esgrimió Alejandro Blanco para que finalmente se lo dieran a Rafa Nadal?.
Pasamos del “Habemus Papam” al “Habemus abanderatum”.
En los inicios de los tiempos, a los Papas
se les podía elegir de tres maneras: Por 'aclamación', por 'compromiso' o por
'escrutinio'. En este caso Alejandro Blanco necesitaba que fuera por aclamación,
es decir por unanimidad. Y eso es lo que se trabajó, pero para ello se puso en antecedentes de cómo
se clasificaron Iker y Xabi para Londres 2012, pero como dijo en su alocución el espabilado presidente del COE “la pareja del 470 Iker y Xabi”, o bien tuvo un lapsus, o es que realmente no sabe que las dos medallas que tienen la pareja vasca han sido en 49er.
Efectivamente Blanco se salió con
la suya para que Rafa Nadal fuera el abanderado, pero previamente algunos
presidentes -y por lo que me cuentan entre ellos un más que nervioso Pombo- mostraron sus reticencias y se abrió un debate por el hecho de que el
propio COE se saltaba la reglamentación establecida y que dice que el
abanderado será "el deportista participante con mejor palmarés, presente en los Juegos el día de la inauguración, que haya obtenido su clasificación y que no haya sido abanderado en unos Juegos de la Olimpiada".
Pero
Alejandro Blanco, que necesitaba la unanimidad para sacar adelante sus
intenciones, tenía escondido un as bajo la manga para desarticular y rebatir a
estos presidentes críticos que montaron un conato de incendio o de casus belli.
Blanco
les desmontó su teoría al vender que Iker y Xabi no habían sido los que habían
clasificado al país –fueron los hermanos Alonso- y acogiéndose con pinzas al texto de la
regla dónde dice el “que haya obtenido su
clasificación”. En este detalle se habría basado Blanco
para descartar a la tripulación vasca bimedallista olímpica y ponerle la
alfombra y darle el palo con la bandera a Rafa Nadal.
