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| El Team Telefónica ha roto los timones de babor, estribor y respeto. Foto: María Muiña |
El Team Telefónica sufrió uno de los reveses más grandes de esta Volvo Ocean Race, estando liderando la octava etapa, probablemente la más decisiva de esta vuelta al mundo, tuvo la peor de las suertes. A menos de 500 millas de Lorient, habiendo batido por tercera vez el récord de velocidad y millas recorridas -560 en 24 horas- un cúmulo de desgracias hizo que perdiera toda opción a luchar por esta etapa después de romper no uno, si no los dos timones más el de emergencia.
La flota estaba navegando en medio de un temporal con vientos
entre 30 y 40 nudos. En estos momentos el Telefónica rompió primero el timón de
estribor, colocaron el de emergencia y aunque perdieron temporalmente el
liderato, rápidamente lo recuperaron. Pero la pasada madrugada ocurrió lo peor,
rompían el de babor y para más inri se dañaba también el timón de respeto, el
último que les quedaba y además al arriar la mayor rompieron los sables, con lo
que más problemas.
“El ánimo es
todo lo bueno que podría serlo en estas circunstancias. Acabamos de perder
todas nuestras oportunidades de ganar la vuelta al mundo. Más de dos años de
trabajo se han esfumado en pocos minutos. Me conformo con que lleguemos bien
sin más complicaciones”. Estas son palabras de un abatido Iker
Martínez después del cúmulo de desgracias que a menos de 48 horas para llegar a
la meta les han sucedido.
Mañana es el cumpleaños de Iker Martínez y si el mejor regalo era
ganar la etapa, va a recibir el peor de los regalos que podía recibir: “Tenemos que navegar con muchísimo
cuidado, porque sólo tenemos un timón y está dañado. Un día triste hoy para el
Telefónica, y mañana, mi cumpleaños... ¡Qué oportuno! Me pido de regalo que
estemos en tierra todos bien”.
El patrón vasco está viviendo uno
de los peores momentos de su carrera deportiva: “Me sale del corazón
pedir disculpas a nuestros patrocinadores y más concretamente a Pedro
Campos, que ha sido capaz de arriesgar muchísimo para poder darnos los recursos
y el tiempo necesario para poder correr esta regata. Creo que sólo me
tranquiliza un poco el saber que he dado mi cien por cien durante estos dos
años”.
Pero esto es deporte y son cosas que por desgracia pueden ocurrir, pero una vez
más Iker demuestra lo grande que es, no sólo como deportista sino también como
persona.
Pase lo que pase, el Telefónica y todo su equipo a lo mejor no
ganarán esta vuelta al mundo, pero a ojos de todo y moralmente ya lo han hecho.
