19/06/2012

El diablo está en los detalles


Fernando Correa saliendo de los Juzgados de San Roque con un polo de Alinghi. Foto: EFE

Vaya gracia le debe haber hecho a Ernesto Bertarelli -aunque dudo mucho que conozca al personaje- que Fernando Correa, el cabecilla y que da nombre a la trama de presunta corrupción Gürtel se esté paseando por los juzgados de España con un polo del Alinghi. Falta de atención o chulería, no sé cómo se debería calificar que se presentara con esta vestimenta en el juzgado de San Roque, ya que ha fijado su residencia en Sotograndre tras dejar la pasada semana la cárcel de Soto del Real de la que ha sido inquilino los últimos tres años.



Sinceramente creo que no tenía necesidad ir con un polo relacionado con un evento que está en el sumario y en la investigación de presunta corrupción en la Comunitat Valenciana.

Evidentemente no deja de ser una mera anécdota, pero me ha parecido curioso, y es que ya se sabe que a veces el diablo está en los detalles y este podía bien habérselo ahorrado.

Que quede claro de antemano que aquí Alinghi no tuvo nada que ver de con Correa y sus cómplices; pero ahora vuelve a la actualidad con la vestimenta de este sujeto. ¿Qué necesidad tenía de llevarla? con lo bien que le hubiera quedado un polo de color blanco, rojo o azul sin publicidad alguna, pero no, tenía que dar el cante de alguna forma.

Haciendo un repaso al caso de Correa y la Copa América, todo comienza en el año 2003 cuando la franquicia valenciana de la trama, Orange Market recibió un encargo de Special Events y de Turismo Valencia Convention Bureau, donde le encargaron la ceremonia de apertura de las Pre-regatas de la Copa América de Valencia y el Acto II de la Copa Louis Vuitton y luego organizó otros saraos varios que le encargó la empresa Mediterránea de Medios.

Lo dicho, detalle de Correa que poco favor le hace a la buena imagen que dejó la 32 Copa América de Valencia y creo que, aunque fuera por dignidad, se lo podía haber evitado perfectamente.

Aunque ahora que lo pienso a lo mejor Fernando Correa lo compró en la tienda de Alinghi o fue un regalo desinteresado de algún amigo o familiar, aunque más bien me temo que no.

Y es que en este caso el diablo no se vistió de Prada.