Esta vuelta al mundo más que una
noria, es decir que da una vuelta sobre sí misma, se parece más a un tobogán.
Me explico. Para dar la vuelta al globo terráqueo teóricamente se pasa dos
veces por lo que podríamos llamar la latitud 0, es decir una de subida y otra
de bajada en la división imaginaria que separa los dos hemisferios, el norte y el sur. Pero la
Volvo Ocean Race se ha convertido en una regata mareante donde se pasa hasta en cuatro ocasiones por el ecuador.
El primer y último paso son los normales
de toda vuelta al mundo, los del Atlántico en la bajada de Alicante a Ciudad
del Cabo (Suráfrica) y la subida de Itajaí (Brasil) a Miami (Estados Unidos).
Pero los otros dos son, y perdónenme la expresión anti-natura, respecto a la que
podríamos considerar la vuelta al mundo de verdad, la de toda la vida, es decir la de los pasos por los tres cabos -Buena Esperanza, Lewin y Hornos-, el intermedio, el australiano, hace dos ediciones que ya no se pasa. En cambio sí se cruzan por los ecuadores que van de Ciudad del Cabo a Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) y de
Sanya (China) a Auckland (Nueva Zelanda).
Pero el presente es que ya están
todos en el hemisferio norte otra vez, cinco navegando a vela y otro en carguero. Y a
partir de ahí, tomarán camino hacia aguas caribeñas para acabar en Miami y después vuelta
para Europa.
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