Cuando Eugenia Manzanas me dio a elegir en que barco quería subir como quinto tripulante en una prueba de las Extreme Sailing Series no lo dudé ni un segundo: en el Oman Air.
Como ocurre en circuitos con regatistas tan grandes como el de RC44’ o la Audi MedCup con equipos como Team New Zealand, Alinghi, Luna Rossa o Artemis, es difícil en situaciones como esta en qué equipo elegir. En este caso me hacía especial ilusión que otro crack me paseara por el campo de regatas como en su día Russell Coutts o Chris Nicholson, pues ahora que tenía la oportunidad, me apetecía que lo hiciera el tres veces campeón olímpico Ben Ainslie.
Y ha sido. Me subo al Oman Air –que además salía como líder de la general en Almería-, con casco y chaleco como marcan los cánones del invitado, y lo cierto es que después de los respectivos saludos iniciales, el táctico del equipo Kindley Fowler, me dice donde debo colocarme, el proa Nasser Al Mashari me dice corrige un poco la posición y yo evidentemente sigo sus instrucciones, además en una regata con tan poco viento como la que hemos tenido, soy consciente que cuanto menos me mueva, mejor.
Me impresiona como los tres tripulantes me van sorteando, mientras Ainslie solo está pendiente de la caña y el hidráulico de la jarcia. El resto son, un táctico, un trimer y un proa; aunque en realidad menos el caña, todos hacen casi de todo.
La salida perfecta, como no podía ser de otra forma con Ainslie, el proa canta el tiempo, el táctico la situación del resto de barcos. Salimos por el pin y allí dejamos ya de primeras fuera de combate a Team Extreme y Red Bull, a los que dejamos por babor y casi aproados junto a la boya. El barco navega rápido en la primera ceñida y tan solo llega por delante nuestro el Alinghi –que acabaría ganando la prueba-. El Oman Air siempre segundo pero controlando a los que venían por detrás The Wave, Muscat –barco hermano ya que pertenecen los dos al proyecto Oman Sail- y Luna Rossa, que han sido los que más han intimidado a Ainslie, y a la postre a mí.
Regata muy táctica, supongo que desde fuera debió verse ser algo aburrida, pero desde dentro he disfrutado como un enano, eso sí siempre tumbado, boca arriba y boca abajo, para intentar molestar lo menos posible y para que el rozamiento del viento también fuera el mínimo.
Supongo que con viento más fuerte y con los patines al aire, la sensación debe ser muy distinta, pero como estreno en un Extreme 40’ la verdad que no puedo quejarme.
Sigo sintiéndome un afortunado y navegando en el equipo que lo he hecho: Un auténtico lujo asiático.
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