02/04/2011

Vaya perla que se llevan los madrileños (Publicado en ABC)*

Estoy realmente anonadado por la capacidad que tiene el ínclito Jaime Lissavetzky como vendedor de motos y para encandilar al personal, homenajes y distinciones no le han faltado, eso es cierto.

La verdad que es un personaje curioso y que en su etapa como secretario de estado para el deporte lo que más le ha importado ha sido el fútbol y a poder ser, en salir en todas las fotos habidas y por haber. Pues bien, ni aún así veía en una encuesta que buena parte de los madrileños no es que no sepan pronunciar y ya no digo escribir su apellido –cosa entendible-, sino es que no saben ni quién es.

Ha sido relativamente fácil verle en palcos de estadios de fútbol, pero ha sido casi imposible verle en una regata de vela, y en una olímpica menos aún. En realidad sí fue a una regata, y fue para luego salir en la ya famosa foto de la vergüenza, en el que apoyaba con su firma a un club fantasma. Este es el nivel de secretario de estado del deporte que hemos tenido.

Sí, el mismo que permitió que en la RFEV se saltaran a la torera los Estatutos en los que dicen que un presidente sólo puede estar ocho años…claro, a favor de su amigo, que ya va para doce. El mismo que miró hacia otro lado cuando se denunció que había habido presuntas irregularidades en el voto por correo en las elecciones de 2004, el mismo al que le está explotando delante de sus propias narices casos de dopaje en varios deportes. Fue también uno de los grandes propulsores de las candidaturas de Madrid a los Juegos Olímpicos y del Mundial de Fútbol, fracasando en todos los casos.

Donde curiosamente sí triunfó fue en la consecución para Santander el Mundial de Clases Olímpicas para 2014, supongo que el CSD habrá avalado parte de lo que va a costar. Se presentó un proyecto ambicioso que superó al resto de las sedes, a lo mejor porque está por encima de las propias posibilidades por las que está pasando el país. Ahora veremos quién se lo come. Él ya no, porque se va de aspirante a la alcaldía de Madrid, y ahí lo deja, para que el que venga detrás apechugue con el tema. Todo sea para agradar a sus amigos cántabros Pérez-Rubalcaba y Pombo.

Dijo que dejaría la secretaría de estado para el deporte en diciembre de 2010, pero estamos a finales de marzo y ahí sigue apurando, apoltronado hasta el final.

Los madrileños se llevan a una auténtica perla. Adiós Lissavetzky, adiós.

Tripulante 18. Artículo publicado en ABC de la Vela (31/3/2011)*

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