Juan Merediz mira con resignación su barco en Wellington. Foto: Chris CameronJuan Merediz tenía un sueño. En sus años de juventud fue uno de los pioneros en España en hacer la Mini Transat, de ello hace más de quince años, y acabó también segundo en la clásica La Solitaire Le Figaro. Pero tras cruzar el Atlántico su ilusión era algún día dar la vuelta al mundo.
Y casi dos décadas después la Barcelona World Race le ofrecía esta oportunidad, no era en solitario pero casi, y para ello le acompañaría otro paisano suyo, Fran Palacio, todo un novel en esto de las travesías transoceánicas.
Juan encontraba el patrocinador ideal para ello, Central Lechera Asturiana, una empresa potente y que le permitía pasear el nombre de Asturias por el mundo. Además entraban a formar parte de la escudería de Pedro Campos, lo que les daba seguridad y con lo que se aseguraban una cobertura técnica y logística importante.
Sabía que sería un reto difícil, y más que se puso mientras transportaban el barco de Sanxenxo a Barcelona partía por primera vez el palo, pero se superaron a sí mismos y consiguieron otro y tras trabajar noche y día conseguían estar en la salida el 31 de diciembre. El palo aguantaba pero en el Atlántico ya tuvieron un problema técnico con el hidráulico de la quilla y tuvieron que hacer la primera escala en Ciudad del Cabo. Continuaron la ruta y cuando estaban a punto de llegar al Estrecho de Cook, volvía a romper el palo y la jarcia. Juan se resistía a abandonar la vuelta al mundo y se hizo lo posible y lo imposible con un trabajo de chinos capitaneado por Eduardo ‘Dudu’ Marín, en donde consiguieron arreglar el mástil y seguir. Más de quince días estuvieron en Wellington.
Hasta que hace apenas dos semanas estaba todo arreglado y reanudaban la marcha. Estaba claro que llegarían con la primavera muy avanzada a Barcelona, pero ellos querían acabar. Ya en aguas del Pacífico se encontraron con que la meteorología era más agresiva debido a que esta época es previa al invierno austral, sabedores que llegar al Cabo de Hornos sería una quimera, pero cuando llevaban más de 1000 millas navegadas y haciendo velocidades de récord, tuvieron la mala suerte que se les partiera una cuaderna, con el peligro estructural que esto suponía. Seguir para intentar llegar a Ushuaia era un suicidio, con lo que lo único que les quedaba era volver a Nueva Zelanda, lugar y momento en el que confirmarían su adiós y su sueño en circunnavegar el planeta.
Pero conociendo y sabiendo de la ilusión que tiene Juan en ello, estoy seguro que no se quedará ahí y en 2014 estará otra vez en la salida de la Barcelona World Race.
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